Jue 21 de Febrero 2019

21 días de dar felicidad | Día 21: Un impulso de esperanza para el pequeño Tristán y doña Irma en su lucha diaria

Tristán tiene 12 años, aunque por su físico bien podría pasar por uno de 6. La razón es una enfermedad genética que no le permite comer cualquier cosa y obliga a su madre, doña Irma Yolanda Cruz Espinoza, a estar al tanto de él todo el tiempo y llevar una dieta muy especial en la que el azúcar no tiene lugar. Los últimos 11 años han sido muy duros, pero en el camino han encontrado manos amigas como la de Keneth Cruz, quien decidió compartir con ellos su estrella.

Por José Dávila y Fernando Magzul

Tristán Adolfo padece una enfermedad genética por la cual debe tener cuidados intensivos en su alimentación y contacto físico toda su vida. Su madre está dispuesta a que tenga una infancia plena como cualquier otro niño. (Foto Prensa Libre: Fernando Magzul)
Tristán Adolfo padece una enfermedad genética por la cual debe tener cuidados intensivos en su alimentación y contacto físico toda su vida. Su madre está dispuesta a que tenga una infancia plena como cualquier otro niño. (Foto Prensa Libre: Fernando Magzul)

Tristán Adolfo es un niño callado, tranquilo, no habla mucho y aunque parezca mucho menor, ya tiene 12 años y está a punto de entrar a sexto primaria. Doña Irma lo ve y también guarda silencio, pues sabe que desde que su hijo cumplió un año todo ha sido complicado, ya que padece de glucogenosis, una enfermedad de tipo genética que le da a una de cada 100 mil personas en el mundo y la cual los obliga a llevar una dieta y cuidados excesivos durante toda su vida.

“Chinito”, como le llaman de cariño, ve llegar a alguien desconocido y trata de no llamar la atención. El hombre que nunca había visto se llama Keneth Cruz y al contrario de lo que el pequeño piensa, no es un doctor que llega para inyectarlo o revisarlo, sino un voluntario que desde que conoció su caso quiso brindarle ayuda a él y su mamá.

Tristán Adolfo Chang Cruz tiene 12 años y desde que cumplió uno le fue detectada glucogenosis, una enfermedad de tipo genética por la cual debe tener cuidados especiales durante toda su vida. (Foto Prensa Libre: Fernando Magzul)

“Sólo de pensar lo que ha pasado doña Irma ya hace admirar su labor, pues como se lo dije a ella; sin duda el mejor medicamento que ha recibido Tristán es el amor que ella le da”, dice Keneth Cruz, quien decidió compartir con ellos aprovechando un viaje que la familia hizo desde Quezaltepeque, Chiquimula, hasta la ciudad capital, donde tendrían una de las tantas visitas al médico que se hacen necesarias cada cierto tiempo para el pequeño.

Luego de unos minutos la curiosidad triunfó y Tristán se acercó a una caja grande envuelta en papel de regalo. El presente era para él y adentro venían 10 botes de la fórmula que sirve como suplemento para que él pueda nutrirse sin correr ningún riesgo, ya que casi no puede comer alimentos sólidos y tiene terminantemente prohibido ingerir azúcar y todo lo demás lo puede comer y beber de manera bastante limitada.

Doña Irma Yolanda Cruz Espinoza es el único sustento de su hijo y ha dado todo para que nunca le hagan falta sus medicinas ni sus visitas al médico, aunque eso signifique no descansar un solo día de su vida. (Foto Prensa Libre: Fernando Magzul)

La rutina del día a día no es fácil, pues “Chinito” debe ser muy cuidadoso mientras está recibiendo clases y sus maestros deben estar al tanto de su suplemento alimenticio cada cuatro horas, ya que de no consumirlo podría desmayarse y hasta tener convulsiones. Luego de clases un familiar se hace cargo de él mientras su madre llega del trabajo. A pesar del cansancio, doña Irma siempre aparece al final del día con grandes dosis de amor para su pequeño, esas que son necesarias para la buena salud.

Ya suman bastantes años desde que la mamá de Tristán no toma un solo día de vacaciones, pues ella los aprovecha por separado, para poder traer a su pequeño a la capital cada vez que necesita visitar al doctor, una travesía de al menos cinco horas de ida y cinco de regreso, la cual a veces se alarga hasta a dos días si las cosas se complican.

Tristán sueña con poder participar de lleno en la clase de educación física y de mayor convertirse en médico o chef, pero para lograrlo debe seguir una dieta rigurosa que le permita tener una salud estable. (Foto Prensa Libre: Fernando Magzul)

“Desde que empezó la convocatoria para los 21 Días de Dar Felicidad me llamó la atención participar y conocí el caso de ellos. Decidí regalarles los suplementos pues a veces les cuesta conseguirlos, no siempre hay, mientras que la medicina es más fácil que la encuentren en Quezaltepeque”, comenta Keneth Cruz, quien quedó admirado de la fortaleza de doña Irma, la que le confesó que al principio pensó “por qué a mí, por qué a mi hijo”, pero que luego vio como la vida tenía mucho que enseñarle y que ahora agradece la oportunidad que tiene de llevar al máximo sus capacidades y de ser mucho más cariñosa y comprensiva.

A pesar de todos los cuidados, doña Irma se ha encargado que “Chinito” no se preocupe nada más que de ser un niño, entregar sus tareas a tiempo en la escuela y soñar con un futuro. El pequeño comenta que su clase favorita es la de física, pero que no puede hacerla porque no puede correr, además sueña con ser doctor o chef, la primera profesión debido a que estos han estado presentes en su vida desde que nació y la segunda porque quisiera crear recetas diferentes, para que otros niños como él, con glucogenosis, puedan disfrutarlas.

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